Principios (1). Mis primeros dibujos, la obra gráfica. La revista Crisis (diciembre de 1974)

¿Entiendo claramente cómo llegué hasta acá?
¿Qué circunstancias se cruzaron para que me encuentre ahora, 48 años después, en estas coordenadas y haciendo lo que hago? ¿Creyendo hoy en día, ya, en poco de lo que creía?
Entre lo que queda en el haber: la pintura y algún sentimiento que uno trata de reprimir para no teñir de cursilería la vida cotidiana y la excusa de esas obritas actuales, posiblemente pura distracción. Es que a esta altura uno ya empieza a conocer su lugar en la vida; en el medio y también reconoce su no-lugar cuando ya no esté. ¿Se podría cambiar ahora algo? No lo creo, y me cansa sólo pensar en el esfuerzo de poder, pero sobre todo de tener que hacerlo en esta etapa ¿empezar de nuevo? Uno ya está tan armado ahora con sus tiempos de reposo que son más que los de trabajo (ocio creativo, como decimos los perezosos). Pienso que también el mundo de la pintura me cansó (no lo artesanal, sino todo el medio). Evité desde hace más de quince años los vernissages, las reuniones con sus vips, sus connoisseurs (¿?), abandoné hasta los cafés semanales de los reencuentros, para seguir, como pude, con mi rutina en el taller o leyendo o en la computadora.

Cómo llegué hasta aquí y los porque los tengo (algo) claros, aceptables sólo cuando estaba en el lugar justo, pero «cagado hasta las patas» -como dicen en el rioba- cuando lo prometido excedía con creces a mis posibilidades (o eso creía).
Todo empezó en mardel, en épocas en que el desaliento teñía tareas, estudio y pareja, en tiempos en que un clima político se veía y se olía muy denso.

Era el año 1974, 30 años recién cumplidos, trabajaba en una firma importante de la ciudad, estaba retomando algunos estudios, pero había abandonado toda actividad política desde el año 68, en que se había disuelto nuestro grupo. Nuestro «guía» sería acribillado a balazos, poco después de la muerte de Perón ese mismo año por la triple A. El clima político y de la ciudad, dominado totalmente por la derecha. Pasaba también una crisis personal, debido a mis casi diez años de diferencia con la mayoría de mis compañeros de estudio. Seguía trabajando aunque la construcción y el resto de las actividades declinaba año a año desde finales de la década anterior. El ambiente político universitario en el paisito después de «el caso Filler», «la noche de las corbatas» de muchos compañeros estudiantes muertos en diferentes enfrentamientos en distintos lugares del país, y la sombra de la «operación Dorrego» que ya se avizoraba, se podía cortar con un cuchillo. Tenía algunas propuestas de trabajo en Buenos Aires, en mi especialidad de mas de 10 años: venta de muebles, decoraciones, dibujos como perspectivista de algunos de los proveedores con los que había trabajado estos años.

A mediados del 74 envío una carta a la revista Crisis, con un cheque por la compra de los tres primeros números que me faltaban, pero en el momento de cerrar el sobre saqué algunos dibujos de mi escritorio y los adjunte al envío… fué algo automático, no era para que vieran mis «trabajos», solo como una especie de regalo a una revista que me parecía única en esa época. Yo no tenía ningún tipo de estudios artísticos, en mi trabajo solo hacía lo aprendido durante años: planos, perspectivas , y bocetos que utilizaba para atender a mis clientes, solo era una parte de la venta. Pero esos bocetos en tinta eran como quien dibujaba distraídamente mientras conversa por teléfono, posiblemente por eso hablaron después de cierto automatismo…

La invitación del creador de la revista «Crisis», Vogelius para publicar en el Nro 20 me llenó de sorpresa. Y entonces, me fuí, muy en silencio, sin aviso deje todo. Visité los posibles trabajos, alguno era importante, pero elegí el más tranquilo, disimulado, casi escondido. Visité a la gente de «Crisis», faltaba un mes para la publicación, era el momento de la publicación de Carlos Alonso y la revista regalaba 3 serigrafías que se agotaron enseguida y de las que hubo que hacer reedicciones. Me pidieron repetir los dibujos (por problemas técnicos), los repetí como pudé allí mismo, básicamente ilustraron los cuentos del uruguayo «Don Verídico», yo los visitaba casi a diario, conocí a Vogelius, a Conti y a Galeano, al grupo de los «uruguayos», casi todos ellos exiliados (decían con relaciones con los Tupas), hablé bastante con Conti y en las oficinas de la calle Pueyrredón me cruce con Cardenal, Carlos Alonso, Sobisch y decenas de personajes.

Escuché las broncas contra Romero Brest. También contra Sábato que aunque se había borrado ya antes del inicio (por problemas políticos) había «impuesto» el nombre de la revista y a su secretaria personal Julita Constela. Faltaba un mes para la salida de «mi» número y me explicaron (como si yo fuera un profesional) que me convenía hacer una muestra para aprovechar la publicidad que me daría esa publicación (???). Con la propuesta y una nota de la revista, recorrí galerías, (y aprovechando mi parte comercial, proponiendo la muestra por la publicidad) expuse al mes en una galería, Galería Ergon de la calle Lavalle, junto a Juan Sol y al escultor Orianna: cada uno en su sala.

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