Bacon…

En mis primeros tiempos en este mundo raro de la pintura si hubo un pintor que me impresionó fue Bacon. Había un espíritu suyo en toda la pintura joven de los 70 aún (y sobre todo) en los que no lo conocían ni habían visto alguna vez una imagen del pintor. Salíamos de la alegría boba del pop de los 60, cierta parte de nuestro arte entraba un conceptualismo intelectual y poco estimulante y todavía algunos seguían con la idea de la muerte del arte. Pero revivíamos con este expresionismo tan «salvaje», con residuos de la abstracción mas violenta y de esa figuración que nos había motivado en grupos como COBRA y la nueva figuración, una mezcla que nos volvió a deslumbrar. Las imágenes en blanco y negro de las fotos de sus pinturas, más los rumores de su técnica y el comentario de viajeros que habían visto sus obras hizo el milagro. Solo ví (yo) a dos grandes artistas que lo interpretaron fielmente, uno Alejandro Vaiman en Van Riel con una gran muestra de monos en jaulas y el otro Carlos Alonso con una serie de casas con jardines muy a la manera de Hockney con mangueras rojas que creaban espacios similares a los del inglés que él había visto en Londres. Pero acá esa vanguardia con solo grandes papeles trabajados con grafitos de arquitectura que desplazaban con grandes gomas de borrar y producían el efecto de movimiento, mas tintas o pinturas rojo sangre, negros y blancos nos hizo creer que hacíamos su pintura…Como leímos después en ese libro genial de Robert Hughes, uno de los mejores críticos de arte de todos los tiempos, australiano, pero al frente de la sección de arte del New York Time, la copia de las imágenes todavía en blanco y negro y sin dimensiones del Artnews crearon un nuevo arte australiano…y argentino, el resto fue la imaginación.

Tarde años (casi veinte) en ver mi primer Bacon en vivo. Fue en el Tamayo en México y fue una profunda decepción. Creo que no estuve mas de 2 ó 3 minutos mirándolo, me molestó su simpleza, su cosa primaria. Descubrir que mas del 80 por ciento de su superficie estaba sin pintar, que lo que creía pintura era el lino crudo sin tocar…el resto me pareció ramplón, una figura retorcida y un espacio creado ilusoriamente por paredes de vistas frontales de arquitectura constituían el espacio-encierro. Lo había mirado en figuritas años y años en color; pero sobre todo en blanco y negro desde los 70. (Yo) había pintado figuras muy realistas que de a poco desfiguraba con brochazos de cargadísima pintura blanca pura o de un rojo sangriento y a los que le tiraba pintura desde el fondo del yerta…esto ni de cerca. Eso si, solo parecía mi pintura » a lo bacon» a docenas de pintores de este mi pago, que también lo entendían (mal), así …

Lo abandonaba, puteando mi crisis y volvía a la normalidad de mi pintura decorativa; pero esperaba siempre el momento en que cansado de eso mío, volviera al libro (en italiano) que me acompañaba desde los 70 y tratara de copiarlo una vez más.

Con los años descubrí otros pintores, otros expresionismos, otros gemidos, posiblemente, formas mas cómodas de acomodar mi mundo. Pero viendo hoy de nuevo esa especie de toro, su último trabajo (dicen), pienso que quedó un virus dentro mío. Me veo (como él) plantando la tela antes de salir a tomar unos sherrys en versión jerez, y con el sombrero puesto y de un saque plantar esa nada, ese toro (¿toro?), el ruedo, marcar con el polvo del suelo de su sucio yerta, el negro fondo y luego «amablemente» con unos sprays, marcar los corrales blancos y fijar un poco el negro…sólo eso, sólo 15 minutos, ya estaba la idea…

Después salir a buscar la muerte.

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